Five hundred baths

cab-ok-railay

Un cuento thai.

En frente de la península de Railay, tres millas mar adentro, hay dos islas solitarias. O y yo alquilamos un kayak rumbo a ellas, el día es estupendo , calma chicha, en dos horas y media llegamos a Chicken, nos acompañan D y J, una pareja que conocimos la noche anterior, además de muy majos, son unos bestias. El paisaje es “rollo el paraíso”, los cuatro estamos flipando. Al rato llega un tipo, yankee, muy simpático, y sin preguntar nos advierte que para volver a Railay lo mejor es esperar tres horas a que baje la marea, de este modo llegaremos, nos dice, sin apenas remar a la península. ¡Qué listos y qué simpáticos son los americanos! Como en las “pelis”. No lleva el gorro de capitán pero lo imagino zarpando por los océanos. Sigo con el cuento. Son las 2. A las 3 J a pesar de lo comentado por el yankee propone volver: “Chicos a las 6 se hace de noche y tenemos un largo viaje”, sin saberlo ( supongo, recuerdo que todo es inventado) , nos está salvando la vida. J es observador y hace rato que se dio cuenta de que no queda ningún barco de los que habían venido.
Hace una hora que remamos, apenas vemos ya a D y J, que van delante. O está cansada y lo dice. I también y calla. Empieza a llover, estamos al final de los monzones. La mar está rizada. Nos cuesta avanzar. No vemos la costa. Cada vez llueve más. Y se hace de noche. O no quiere morir y me lo dice. Yo tampoco y callo. Remo. Ya solo. O llora por fuera. I llora por dentro. Oímos una lancha. O grita. I también. Él es un gitano del mar. Él ríe sin dientes a carcajadas: ¡Five hundred baths! ¡Five hundred baths!

A Diana y Juan.

I.

Fotos: O e IRAILAY-1RAILAY-2RAILAY-3RAILAY-4

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10 Comments

  1. pepe Rodenas · 2 noviembre, 2014 Reply

    Que bueno nenes. Estar en un lugar tan cercano al Pariso… y sin salva vidas. Lanzados a pelo.

  2. Cristina · 2 noviembre, 2014 Reply

    Hola! Después de una semana sin “veros” me habéis dejado un poco traspuesta con vuestro cuento… ¿Afloran los sentimientos tan fuertes? Remar es duro, el mar impone. Os queremos. crs

  3. dani · 2 noviembre, 2014 Reply

    Bona vesprada des d’una Barcelona que toca ja el capvespre!…..dia d’emocions fortes…… massa fortes diria jo després de llegir-te……un viatge tan llarg en kaiak és contraproduent….no sols per que et pots trovar sobtadament un mar agitat com ha sigut el cas amb plutges torrencials perdent la visibilitat amb risc cert de perdre també l’orientació….la mar es tan meravellosa com traidora……contraproduent també per una indisposició de qualsevols dels dos…..i tot en un indret (el mar d’Andaman) on proliferen els taurons i molts no són precissament inofensius….cuideu-vos i mireu amb un cert recel tot el que feu….no vos fieu i aneu un pas més enllà que la vostra propia intuició….i recordeu la dita…..qui no vullga pols que no baja a l’era!!….en tot cas espere que estigueu be com aixina pareix que esteu i que tot haja quedat en un bon ensurt…..disfruteu molt dels dies que vidran que serán bons en experiències….i disfruteu del camí i de tot allò que resulta incert per ser excitant….acumuleu vivències però torneu sencers!!……no vull deixar pasar les imatges quen ens heu brindat…..m’impressiona sobretot la de l’arbre caigut a peu de platja banyat per les suaus onades que han anat a morir a aquest reducte paradisiac……un arbre que per cert pot haver mort de vell…….o de les sacsejades d’algún temporal recent producte de la virulència dels monçons……o d’ambdues circumstàncies alhora….besets per als dos!!…….anem parlant……;)

  4. Oriol · 2 noviembre, 2014 Reply

    Aneu en compte que ja hem tingut masses sustos en el mar aquest estiu passat. Valents, que sou uns valents!!!!!!

  5. Brigitte · 3 noviembre, 2014 Reply

    Cuidadooo cuasi s’em salta el cor Ona carinyo cuidat amore . Buff cuideu vos tots que os vull de tornada

  6. Diana · 3 noviembre, 2014 Reply

    Gran día el del kayak! Idílicos paisajes de paraíso y el record Guinness de ser los únicos capaces de llegar allí remando (aunque entonces no sabíamos que estábamos cometiendo semejante hazaña ;)).
    Si no hubiera ido el pirata, os hubiéramos rescatado nosotros volviendo con una barca; eso lo sabíais, I y O.
    El mar solo quiso darnos un susto, para demostrar “quien es el que manda” y que le tuviéramos respeto.
    Caprichoso es el destino, que hizo que nuestras vidas se cruzarán en este viaje. Esta aventura hizo afianzar un lacito para que la coincidencia se convirtiera en amistad.
    Muchas gracias por la dedicatoria.
    Un abrazo amigos.
    D y J

  7. carmen · 3 noviembre, 2014 Reply

    Bufff! Ara entenc lo de “ja en parlarem quan l’hagis llegit”!!!! La ignorància i l’informació en diferit juga a favor nostre, en aquest cas.
    Un petó I i O.

  8. Nano · 30 noviembre, 2014 Reply

    Ahora estoy cansado y hasta tengo miedo de mi propia vida, y sé que lo tendré toda la puta vida, decida lo que decida. El ángel Simón. N. V.

    Hay dos cosas que me mantienen vivo en este blog. La primera es el comentario que hizo MC en Diario de un Cobarde, por el cual no sólo puedo vivir en paz sino que también puedo morir tranquilo. Otra cosa es que realmente consiga realizar cualquiera de los dos sueños. La segunda es que I es uno de los protagonistas.

    Con I casi siempre era así en Barcelona; birras, miradas, risas y conversaciones infinitas. ¿Qué más se puede pedir para ser feliz? ¿Una O? Pero un día me fui. Todo eran batacazos. Nada productivo. Y no había remedio: expatriado o internado de por vida en una caja a oscuras. La muerte o la cárcel. Un final dramático. Todo fue porque al final, cuando salía, veía el otro lado cada vez más cerca (y es cierto, no exagero ni me invento nada). Pero sentía que aún me quedaban cosas por hacer. Intentar por lo menos dar un poco más. Sentía aún cosquilleos en la barriga, el inconsciente susurrándome al oído voces extrañas. Y quería descifrarlas. Pero los años pasan y los sentidos se atrofian. Lo que antes eran cosquilleos y susurros, ahora son nudos en el estómago y quebraderos de cabeza.

    Me gusta que I escriba, me hace sentir bien. Y eso me calma. Yo sé que alguna de mis palabras le pueden interesar. Sólo con esa sensación me satisfacen los saltos. Me da igual el mundo, la vida, el resto (y es cierto, exagero y me lo invento todo). ¿Tras veinte años escribiéndole al vacío, qué me puede llenar? ¿Tras veinte años de cara a la pared, dentro de una cueva, me sentará bien un rayo de luz?

    Sé qué si I no estuviera escribiendo el blog, yo le escribiría de todas maneras. Los mismos textos, las mismas preguntas, los mismos errores…incluso aún más espontáneos, más cursis, más privados y no tan personales. Más relajados. Pero que I se haya puesto a escribir, significa mucho para mi. No sólo como lector, también como amigo. I tiene la capacidad de resumir con cuatro simples frases toda la mierda de este mundo. Ninguno de mis amigos, de todos los que han pasado por mi vida, han tenido la claridad que I tiene. I es un Goytisolo, un Panero, un fuera de serie. Espero que todo esto solo acabe de empezar y de una vez por todas se dedique a lo suyo: escribir.

    Por fin puedo retener y releer y contemplar y estudiar tranquilamente todos sus pensamientos (reales o no), ideas (claras o no), imágenes ( uf y buah). Ya no necesito recordar. Porque I siempre dice todas esas bellas cosas que luego uno nunca se acuerda al día siguiente. ¿Cómo era? ¿Qué me dijo I exactamente? Y no sólo bellas. Profundas. Como el sin fin de preguntas que cada día dan vueltas y vueltas dentro de mi.

    I,
    Yo no sé qué me enseñaste
    Cuando andaba tan perdido
    En el campo de batalla
    De un amor indebido,
    En las letras desoladas
    De mi corazón maldito

    Yo no sé qué me enseñaste,
    Antes sólo era un grito
    Donde el eco me mataba
    En el cuarto de Perico
    Y el misterio de la vida
    era un canto retorcido.

    Yo no sé qué me enseñaste,
    En el fondo una pizarra
    Y tu fuerte entero roble
    Dibujado en tiza blanca,
    Y tus ojos de miel pura,
    De recién elaborada

    Yo no sé qué me enseñaste
    Que ahora ya en la última fase
    No logro ver el camino
    De aquel que me había alejado,
    Pero sé que el cuerpo mío
    Andará siempre a tu lado.

    Yo no sé qué me enseñaste,
    El pulso no me latía,
    Te seguía a todas partes,
    Hasta el fin de toda vía,
    Y la noche prometía
    Tesoros edulcorantes.

    Yo no sé qué me enseñaste
    Que hoy juego todavía
    A levantar este mundo
    Con mi gran melancolía,
    Pero ya no tengo fuerzas,
    Yo que siempre las tenía.

    Yo no sé qué le enseñaste
    A mi locura infinita
    Cuando todo era desastre,
    Cuando el cielo no existía,
    Ahora siento que ya es tarde,
    Que se fue volando el día.

    Yo no sé qué me enseñaste
    Cuando ocultaba temores
    Sin saber bien bien quien era
    Y me refugiaba en ti
    Fuera a la hora que fuera,
    En el túnel ¿lo recuerdas?

    Yo no sé qué me enseñaste
    La vez que abriste la puerta
    Invitándome -adelante,
    Deja aquí todos tus miedos,
    Yo en el fondo sí te quiero,
    No te escondas con la cuerda.

    Yo no sé qué me enseñaste
    Que a ti suelo echar la culpa
    aunque no tenga razones,
    Sé qué yo soy el culpable
    Cuando me meto en trifulcas
    Y se lía el gran desmadre.

    Yo no sé qué me enseñaste,
    Por la larga vida voy
    Lo pensé hace muchos años
    Y tan corta la veo hoy
    Que aunque sepa donde miro
    Ciego fui, iré y voy.

    Yo no sé qué me enseñaste,
    En la pura realidad
    Un día no me abandonaste,
    Me dejaste sólo andar,
    Y cogiéndote la mano
    Intentaba avanzar.

    Yo no sé qué me enseñaste
    En el monte aquel de piedra,
    Entre arenas movedizas,
    Sin la brújula en la selva,
    Que con sólo abrir la puerta
    Encontraba la salida.

    Yo no sé qué me enseñaste
    Cuando sólo tú existías,
    Te miraba al despertar
    Por la noche te veía,
    Pero no podía tocarte
    Aunque me lo permitías.

    Yo no sé qué me enseñaste
    Cuando siempre tenía prisa
    Por hacer todas las cosas
    Que pudiera en esta vida.
    Ahora suelo dejar otras
    Sin llorar sus despedidas.

    Yo no sé qué me enseñaste
    Que hasta pude vivir lejos
    En un lugar sin lenguaje
    Nueve años bajo cero.
    El hielo aún no me ha visto
    Llorar frente al espejo.

    Yo no sé qué me enseñaste
    Que el rojo cambio a amarillo
    Del amarillo a un gris negro
    Del negro a un blanco pulido,
    Pero aún no he aprendido
    En el lienzo un trazo fino.

    Yo no sé qué me enseñaste
    Roca de mi amor tardío
    Cuando yo buscaba oro
    En la tierra de un olivo
    Y me dijiste, tesoro
    Buscas solo en el vacío.

    Yo no sé qué me enseñaste,
    En la caja no habían cuentos,
    Sólo páginas en blanco
    En un libro de instrucciones,
    Y una cabeza muy dura
    En la esquina de mi cuarto.

    Yo no sé qué me enseñaste
    En el monótono poema
    De mi eterno aprendizaje
    Que me até solo a una silla
    Enfrentándome al lenguaje
    De mi eterno desvarío.

    PD: cuando llegues a América puedes cambiar a N.V. por B.C., el ídolo de N.V.
    http://m.youtube.com/watch?v=n3ebEN4PeC8

  9. Vicent · 4 diciembre, 2014 Reply

    No sé si es demasiado trágico como para reírse, pero a mí me ha salido una gran carcajada! El cuento thai, y justamente también en Railay, lo viví con Rubén. También temimos por nuestra perra vida por un puto kayak que casi nos hunde en el abismo con el monzón azotándonos en plan apocalipsis. Si os sirve de consuelo hoy en día lo recordamos como una de las mayores hazañas por las que hemos pasado, con su punto de adrenalina y emoción, en plan viejo grumete y con una enorme sonrisa. Mola verle los dientes al diablo y poder escupirle a la cara.

  10. Vicent · 4 diciembre, 2014 Reply

    Por cierto, pocos lugares como Railay

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