Myanmar. La vida es sueño

cab-kalaw

Myanmar parece un hechizo, temo romperlo. Prefiero que mis pasos no dejen huella. Intuyo que todo lo que veo no se acumula en la misma habitación en la que guardo los recuerdos, sino que vuela al cuarto de los “sueños rotos”, donde habitan pastores, reyes magos, hadas, principitos, sanpedros, también nietos y abuelos. En mi escuela teníamos un teatro, recuerdo las butacas de madera, también alguna película, la Misión, la Diligencia y “Stand by me”, yo debía tener diez u once años, esta última cuenta la aventura de cuatro chavales que se escapan de la infancia y de su pueblo con un excitante pretexto: hallar el cadáver de un niño asesinado, y acaban encontrándose a sí mismos, durante los tres días que pasan juntos, aprenden a recrear la vida…es una de esas historias que a esa edad miras con admiración y envidia…, dejo la entrada un rato, nunca me gustan, empiezo a dudar, me apetece hablar de la infancia…pero temo perderme en un laberinto que ya no existe, ¿por qué recuerdo constantemente la niñez? Llevamos ocho horas dentro de un autobús y aún quedan seis más, O ha bajado varios artículos, duerme a mi lado, el título de uno me atrapa:

La maleta del viajero gastrónomo (traveler.es)
Viajar es reconocer que estás perdido. Recuperar las sensaciones de la niñez, cuando cada paso era una sorpresa y cada habitación un mundo, porque cuando viajas eres un niño pequeño con los ojos abiertos. Y todo es nuevo y todo es diferente. Por eso en cada viaje hay que buscar a ese niño que olvidamos por culpa del despertador y la hipoteca.
Jesús Terrés


¡Ostras! (o ¡caray! , como decía la abuela) ¿Es una señal o quizás un sueño?
Él desenreda mis dudas y hoy, treinta años más tarde, el niño que mira desde la butaca me encuentra por primera vez, ahora soy yo quien camina kilómetros por vías de trenes, ríos y senderos e igual que River Phoenix y sus colegas durante esos días, vivo excitado, como viven los niños, mientras intuyo que, desde muy lejos, sentados delante de la pantalla, mis amigos y yo miramos, no sé si con más envidia o admiración, las aventuras de O e I.

I.

Fotos: O e IDSC07963 DSC08039 DSC08052 DSC08079 DSC08076 DSC08077 DSC08070 DSC08066 DSC08055 DSC08083 DSC08159 DSC08091 DSC08082 DSC08072 DSC08046 DSC08033DSC08234

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5 Comments

  1. Ju · 11 diciembre, 2014 Reply

    Són tan de veritat que allò q els envolta ho tornen màgic i meravellós

    Quin post més bonic i q ben explicat…felicitats!!!

    Que us vau perdre unes quantes lliçons i heu aprofitat x colar-vos a l’escola eh? Qualsevol nen dibtarà d’un a adult pensant q va al revés jeje

  2. carmen · 12 diciembre, 2014 Reply

    Molt maca l’entrada. Està molt bé retrobar el nostre nen interior, amb les seves il·lusions i també les seves pors. Fins i tot entrar a l’habitació de “los sueños rotos”. Jo entraría al laberint i estic segura que tú també.

  3. joan carles · 17 diciembre, 2014 Reply

    Recordar la infantesa és un estat permanent. No se’t passarà, amb el temps. A mi no se m’ha passat, i porto més camí fet que tu. Potser m’hi trobis, en algun passatge amagat, compartint jocs de vespres ocasionals. Les mirades dels nens formen part dels tresors intangibles que portem de tornada després de qualsevol viatge. Mirades curioses, quasi sempre. I de vegades, difícils de mantenir, quan ens interpel·len, des de la innocència. Gràcies a tots dos per continuar compartint

  4. Garri · 24 diciembre, 2014 Reply

    Molt Bon Nadal a tots, de ben segur aquest any seran unes festes ben diferents !!!

  5. chucho · 24 diciembre, 2014 Reply

    Bon Nadal I. and O. esteu fent una feina brutal d”emocioms, disfruteu!!!!

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