Un lugar sin huellas

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Hay días de luz y de sombra, hay días claros, y borrosos.

Nos fundimos en la naturaleza y paseamos bajo la luna. Sin ninguna luz más que las estrellas, sólo el bosque y el mar salpicando, que no se cansa de parir olas. Las deja en la orilla y sigue en su empeño por ganar tierra con sus hijas. Y bailamos, de la mano. Hemos encontrado un lugar sin huellas, sin pisadas, virgen. Nuevo. Veo corazones, palpitan y sonríen. Me regalan.

Miles de azules.

Y divago por su mar, entre charcos y dudas. Gotea. La vida y el sol. Despierto de nuevo, en un lugar en el que los ojos salpican, los vientres llevan vida y las paredes son de papel y bambú.

Estamos en una habitación blanca, con cortinas azules, me quedo en la cama pensando en el café y en un día que empieza tranquilo. Las humedades hacen dibujos, pintados lentamente entre el agua y el tiempo, decoran los espacios con naturalidad y coquetería.

Quiero seguir mis relatos insensatos, con pies descalzos, negros, sangre azul, y abrazos borrados en la noche. Soñando con el cielo claro y el océano teñido de algas, que deletrea palabras durante el día y por la noche canta nanas alcanzando el anochecer.

Hay un mar inmenso delante, que late por dentro.

Filipinas otro cuento que empieza, me acurruco y entro.

 

O.

Fotos: O e I.
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2 Comments

  1. carmen · 10 marzo, 2015 Reply

    Quina entrada més bonica. És com una poesía.

    Petonets

  2. Ju · 10 marzo, 2015 Reply

    Quines fotos més brutals…llavors alguna cosa nova s’està gestant, Visca!
    MUÀ

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